lunes, 3 de marzo de 2008

Tuyo


Desde lo lejos, él contemplaba a su lado el agua tan tranquila y calmada. Había regresado. En el pasado, había cometido errores y la había desilusionado. Esta era su segunda oportunidad. De enmendar todo. Se sentaron en el muelle, mirándose en silencio. Retiró su mirada. Veía el cielo estrellado, hermoso y lleno de misterio. Desde sus adentros, trataba de adivinar sus pensamientos. De alguna forma, sabía lo que ella pensaba. Eran iguales. Habían transitado caminos similares. Pero eso ya no importaba. Solo importaba ese momento. El y ella. Corazones solitarios, almas heridas, pero que prometieron no mirar atrás y seguir adelante. Volvieron a mirarse. Dicen que los ojos son la ventana del alma, es por ello que el ya sabía la respuesta a su pregunta. La sentía dentro de sí. No iba a cometer el mismo error. Sabía lo que tenía que hacer. De esta forma, sabiendo su destino, la tomó de la mano, y dándole un tierno beso en la mejilla, prometió nunca mas apartarla de su lado. Ella era para él. Estaba escrito en sus libros mágicos jamás vistos por nadie, pero que sabían que existían en sus cuerpos, en sus mentes y, sobre todo, en sus corazones. Cerraron sus ojos y, dando un gran salto, volaron hacia lo mas sagrado. A un lugar que solo llegan a conocer aquellas almas libres y capaces de lograrlo todo. Ese lugar utópico creado en sus mentes aventureras. Y así, el y ella, lograron lo imposible: crearon ese lugar donde la paz y la armonía radica solo en el amor, en el verdadero amor.